*[Mis curiosos]*

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Juan, un pretendiente carlista liberal

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De todos es sabido que la muerte de Fernando VII de Borbón, en 1833, llevó aparejada un conflicto en la sucesión que perviviría durante años: por un lado se formó el grupo que consideraba a su hija Isabel como legítima heredera; por el otro, los que apoyaban al hermano del monarca, Carlos María Isidro [1], como nuevo rey, argumentando que la Pragmática Sanción, -que permitiría reinar a una mujer-, no había sido aprobada, por lo que la Ley Sálica seguía rigiendo la sucesión dinástica [2]. Muchos han tratado de separar estos 2 grupos argumentando que frente a los liberales de Isabel se erigían los absolutistas de Carlos María Isidro (carlistas), aunque nada más lejos de la realidad. Sin embargo, este argumento bien se podría excusar afirmando que el absolutismo de Isabel II quedaba minimizado frente a los extremos que éste alcanzaba dentro de la mentalidad de los carlistas, acérrimos antiliberales.
Los conflictos entre los dos grupos no se hicieron esperar: varias guerras fueron las que los enfrentaron en un intento de conseguir el trono –en el caso los carlistas- y de afianzarse en él –en el de la ya proclamada reina Isabel II-.

El pretendiente carlista Juan
A la muerte este Carlos V, su hijo Carlos le sucede en sus intentos de quitar el poder a la que consideran ilegítima reina. Sin embargo,  el ambiente que se vive en España hace que pase la mayor parte de su vida en el exilio. Cuando regresa, junto con su hermano Fernando, y desembarca en San Carlos de la Rápita llevando a cabo un intento de levantamiento, poco podía esperar que los liberales que allí había (la mayoría de la población) apresarían sus barcos y ellos mismos serían capturados. El miedo hizo que los 2 hijos de Carlos María Isidro abdicaran del trono. Tiempo después, ya en Londres, desdicen esta renuncia y se vuelven a considerar pretendientes. Allí, se encontrarán con el otro hijo del primer pretendiente carlista, Juan, afín al liberalismo, que llevaba en Inglaterra una vida alegre y poco religiosa. Sin embargo, al enterarse de la renuncia de sus hermanos, no acepta este nuevo cambio de opinión, considerando como válidas las renuncias y se proclama legítimo pretendiente al trono. Así es como un liberal llega a ser candidato al trono, por parte del bando carlista, llegándose a nombrar JUAN III DE ESPAÑA.  La segunda mujer de Carlos María Isidro, una portuguesa de armas tomar, sería la responsable de que Juan cambiara su abiertas ideas por el tradicionalismo más extremo y hacer, así, que los problemas internos que la “desviación” del nuevo pretendiente  estaban causando, cesaran. Sin embargo, el carlismo ya había cambiado, se había convertido en un  auténtico movimiento de masas, que aunaba los descontentos producidos en el reinado de Isabel II, y que quedaba localizado en la zona norte de la península, abanderando el tradicionalismo y oponiéndose al liberalismo que, poco a poco, se iba abriendo camino en esa España contemporánea que recién había nacido.
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[1] Carlos María Isidro es considerado, por los carlistas, como Carlos V

[2] La Ley Sálica establecía una prohibición a que las mujeres reinaran.
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Alicia en el "Oxford de las Maravillas"

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Lewis Carroll
En una apacible tarde oxoniense, mientras que las aguas del Isis (uno de los numerosos brazos del Támesis) mecían la barca donde Lewis Carroll [1] y las tres hijas del deán del college donde trabajaba como profesor de Matemáticas -Christ Church-, daban un paseo, la inquieta Alice Liddell pidió insistentemente al conocido escritor que les contara una historia alocada para que los minutos pasaran más deprisa. Así, comenzó a relatar un cuento en el que una pequeña niña, también llamada Alice, era la protagonista.

Este fue el comienzo de lo que tres años más tarde se convertiría en la obra más famosa de Carroll: LAS AVENTURAS DE ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS [2], un libro donde las alusiones satíricas a personajes de su entorno, la crítica a la sociedad inglesa y a la política de la época, eran la nota predominante. Sin embargo, no se nos debe pasar por alto que, como catedrático en Matemáticas que era, se propuso concebir el libro como una manera entretenida de trasmitir problemas de lógica a sus alumnos, por lo que tras cada extravagante situación se encuentra una lección de esta ciencia [3].

Pero uno de los secretos más interesantes que se esconden tras sus páginas es que la ciudad de Oxford, al sur de Inglaterra, fue la fuente de inspiración para la mayor parte de los pasajes del libro. Analicémoslos:

.- El cuento comienza mostrándonos a dos hermanas pasando la tarde en un bonito jardín cercano a un río, el mismo donde comenzó la idea de crear unas aventuras de Alicia en su particular País de las Maravillas. Sin duda, nos referimos al anteriormente mencionado Isis

A la izquierda, una fotografía actual del río Isis a su paso por Oxford.
A la derecha, Alicia y su hermana en un bello parque atravesado por un río.
.- En la catedral anexa a Christ Church College podemos encontrar una puerta oculta a los visitantes. Si algún curioso tiene la suerte de ver lo que hay al otro lado, observará un pequeño jardín donde las hermanas Liddell jugaban todas las tardes y donde Carroll, desde su despacho, las veía y comenzó su amistad con ellas. Una vez dentro, llama nuestra atención una pequeña puerta verde: la que se les cerró a las Liddell después de que se estimara oportuno que las niñas se alejaran de esa zona, tan próxima a la catedral. Ni el ser hijas del deán del college les sirvió para librarse de la prohibición de entrar a ese jardín que la Alicia de Carroll, viéndolo por la “boca” de la parlanchina cerradura, consideró como “el jardín más hermoso que he visto jamás”. En este mismo jardín había un enorme árbol, justo el mismo donde el escritor sitúa al Gato Risón haciendo de las suyas.

A la izquierda, el jardín junto a la catedral de Christ Church, donde las hermanas Liddell inventaban sus juegos. Al fondo se puede ver la pequeña puerta verde en la que se inspiró Carroll para crear la dimunuta puerta por la que Alicia no podía pasar (derecha)
.- No abandonamos Christ Church porque en la chimenea de su impresionante comedor el visitante puede ver que los instrumentos que se usan para atizar el fuego son inusualmente largos y tienen 2 curiosas cabezas, lo que nos recuerda, irremediablemente, a los flamencos que se convirtieron en inesperados palos de crockett en el cuento. 

Alice´s Shop
.- Justo enfrente de Christ Church nos encontramos con una pequeña tienda hoy llamada ALICE´S SHOP. Esta es la tienda donde Alice y sus hermanas compraban dulces y que en la continuación del cuento queda bajo el nombre de OLD SHEEP SHOP.

.- Por otro lado, y cambiando de escenario, entrar en el UNIVERSITY MUSEUM supone encontrarse con reproducciones magníficas de extraños animales. Carroll se inspiró en uno de estos animales para crear a su mítico DODO.

.-¿¿A quién representaba el Conejo Blanco y, lo que es más curioso, por qué siempre llegaba tarde??  El Conejo Blanco representaba al deán de Christ Church, el atareado padre de las 3 pequeñas amigas de Lewis Carroll que siempre, con prisas, recorría todo el edificio buscando solucionar asuntos concernientes a su trabajo.
La cuestión de por qué siempre el conejo llegaba tarde es curiosa. Antes de que se estandarizara el sistema horario en Inglaterra debido a la extensión de la red ferroviaria y la necesidad de una medida del tiempo común, cada región contaba su horas distanciándose minutos atrás, o adelante, respecto a su distancia con el meridiano de Greenwich. Así, desde la catedral de Christ Church siempre se llamaba a los fieles cinco minutos pasados de en punto. Este descontrol horario fue tomado por Carroll para dibujar a su preocupado conejo que, por supuesto, siempre temía llegar tarde porque su reloj estaba adelantado 5 minutos.

Una réplica de un dodo del University Museum (Oxford) y su dibujo animado en "Alicia en el..."
.- Por último, y aunque nos alejemos algo de Oxford, es preciso destacar que el curioso personaje de la Reina de Corazones bien pudo estar inspirado en Enrique VIII, cuyo retrato Lewis Carroll observaba todos los días mientras comía en el college. No nos debe extrañar esta asociación ya que una de las cosas que más llamó la atención del monarca Tudor fue la condena a dos de sus esposas a ser decapitadas… decapitaciones con las que la Reina del País de las Maravillas amenazaba a todo aquel al que osaba llevarle la contraria.

A la izquierda, Enrique VIII. A su lado, la temida Reina de Corazones.

Retrato de la pequeña Alice Liddell
Pasado un tiempo, y según cuentan muchos, Lewis Carroll comenzó a albergar esperanzas de casarse con la que había sido la musa de su obra maestra: Alice Liddell. Esta intención escandalizó tanto a su familia que acabaron marchándose de Oxford, ante la profunda tristeza del matemático.

Sea como fuere, Carroll consiguió con su obra plasmar las pesadillas de un niño atrapado en un mundo de mayores, y convertirlas en situaciones irrisorias de fácil solución. Su obra conquistó, y sigue conquistando tanto a pintores –que no se resisten a hacer su particular retrato del País de las Maravillas-, a psicólogos –que se afanan por buscar el trasfondo de las locuras de la historia-, críticos e, incluso, cineastas. En la época de Carroll, también la reina Victoria I se vio atraída por la creación y, tras leerla, le pidió encarecidamente al autor que le enviara un ejemplar del siguiente libro que escribiera… pero éste ya no escondía ninguna “maravilla”: su musa se había marchado y con ella las inspiraciones del autor que se centró, a partir de ese momento, en tener a las Matemáticas como punto central de sus estudios y dejar la fantasía como cosa del pasado.

Comedor de Christ Church College. En la pared del fondo, el retrato central corresponde a Enrique VIII.
A los lados, dos chimeneas.
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[1] Este seudónimo lo adoptó basándose en su verdadero nombre: CHARLES (en latín CAROLUS, que acabó transformando en CARROLL) LUTWIDGE (el apellido de soltera de su madre, en alemán LUGWIG, y en inglés LEWIS) DODGSON.

[2] El libro se publicó en 1865, teniendo una continuación seis años más tarde -A través del Espejo- que no llegó a tener tanta fama.

[3] Carroll escribió numerosos libros tanto de matemáticas -la ciencia en la que era especialista-, como de literatura infantil, un campo en el que se sentía especialmente cómodo teniendo en cuenta que su timidez le llevó en muchas ocasiones a sentirse como un extraño en el mundo de los adultos (a esto se debe sumar que era tartamudo y zurdo, algo que provocaba el rechazo en los años que le tocó vivir).

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Fuentes:

François Marie Arouet, alias VOLTAIRE

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Un frío día del noviembre de 1694 llegaba al mundo, en el seno de una parisina familia acomodada, François Marie Arouet.

Su lucha por la libertad y por los derechos humanos hicieron que pronto el pueblo se comenzara a interesar por él, pero, a pesar de que su importancia fue máxima en el siglo en el que le tocó vivir,  su padre parecía no reconocer las magníficas dotes de su hijo como escritor y filósofo. Su hermano, Armand Arouet, no era mejor visto a los ojos de su progenitor, ya que su fanatismo religioso en el bando de los jansenistas (duramente perseguidos por la monarquía) hizo que el patriarca Arouet llegase a afirmar “Tengo dos locos por hijos, uno en prosa y el otro en verso”.

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Ya en su adolescencia, habiendo conseguido su primer éxito teatral, decidió cambiar su nombre para que no le confundieran con su alborotador hermano. Así, decidió adoptar un seudónimo que fuera el anagrama de AROUET L(E) J(EUNE) (“Arouet, el Joven”). El resultado, modificando la letra “U” por la “V”, y la “I” por la “J”, fue la palabra VOLTAIRE.



Sus obras conmocionaron a pueblo, pero también suscitaron una gran polémica, sobre todo en los sectores religiosos y conservadores. A pesar de ello, su maestría hizo que fuera recibido en numerosas Cortes extranjeras, donde se empapó de nuevos conocimientos. Tras esta agitada vida, se recluyó en el poblado de Ferney, donde residió largos años, haciendo el bien a toda la comunidad que allí residía, lo que le llevó a ser recordado, con agradecimiento, por su habitantes [1].

No se debe olvidar, a pesar de que es menos conocida, la faceta del francés como historiador. Voltaire tenía una concepción clara de lo que la Historia era: “Si uno pudiera tener la desgracia de meter en su cabeza la sucesión cronológica de todas las dinastías, sólo se aprendería palabras”, nos dice el propio filósofo. Así, para él, la Historia no se centraba en reyes y batallas, ni mucho menos. A él le interesaba el desarrollo de la cultura y la civilización, o, con sus palabras “el espíritu, las costumbres y los usos de la naciones”. No aceptaba el eurocentrismo, apoyó la percepción laica de los hechos… rompió, en definitiva, con todo lo que hasta el momento se venía haciendo en una Francia donde los historiadores temían atacar a su país, so pena de acabar recluidos en La Bastilla. Huyó de las arengas pomposas y se centró en buscar nuevas fuentes que le permitieran crear textos objetivos: creó una nueva manera de hacer Historia [2]. Sin embargo, no se debe olvidar que Voltaire tenía más de filósofo y poeta que de erudito, lo que llevó a sus adversarios -que no eran pocos- a alzarse contra sus escritos, al encontrar en ellos numerosos errores.

Sea como fuere, su magistral pluma y la popularidad que llegó a alcanzar gracias a ella, hicieron que el s.XVIII, por su “culpa”, fuera calificado como el “SIGLO DE VOLTAIRE”. Diez años más tarde de su fallecimiento, ocurrido en 1778, estallaba una revolución en nombre de los ideales que Voltaire había defendido…“El filósofo ha muerto, ¡viva el filósofo!”
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[1] Las buenas obras que Voltaire hizo en Ferney, tales como llevar el agua potable, construir un colegio, una fábrica de relojes, una iglesia, un castillo, prestar dinero sin cobrar intereses… hicieron que el pueblo, décadas más tarde de la muerte del filósofo, pasara a llamarse Ferney-Voltaire, nombre que sigue manteniendo en la actualidad. 

[2] “Ni supongo, ni propongo: expongo” solía decir Voltaire, lo que marcaba una evidente diferencia con la manera de hacer Historia que se estaba haciendo. Esta ciencia, era vital para el francés, tanto que llegó a afirmar que “permite prevenir nuevas catástrofes” por lo que su análisis y estudio, para el futuro, era vital.
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Bibliografía:

*DOMÍNGUEZ,M.: “Voltaire: el filósofo que luchó contra la intolerancia”, Revista Historia National Geographic, nº68  (2009), pp.12-15.

*DOMÍNGUEZ,M.: “Voltaire: la Historia como progreso de la civilización”, Revista Historia National Geographic, nº59 (2009), pp.97-99
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NAPOLEÓN: la tumba del ¿faraón? de los franceses

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Los faraones egipcios tenían la costumbre de guardar su cuerpo, no sólo en una magnífica cámara funeraria repleta de los objetos que había usado en vida -y que quizás, según las creencias, le hicieran falta tras la muerte-, sino también en un lujoso sarcófago compuesto de varios ataúdes. Así, eran varias las “capas” que se debían retirar hasta llegar al cuerpo momificado del excelso rey de Egipto.

Miles de años más tarde, el 5 de mayo de 1821, la muerte fue a visitar al ilustre Emperador de los franceses, ahora exiliado en Santa Elena [1]. Con tan sólo 51 años, Napoleón Bonaparte abandonaba el mundo terrenal.
Sin embargo, no sería hasta 1840 cuando Luis Felipe de Orleans -el por aquel entonces monarca francés-, inicie los trámites para poder trasladar el cuerpo desde la apartada hasta París [2]. Las negociaciones dieron sus frutos y los restos del emperador –sorprendentemente bien conservados- entraron triunfalmente en la capital de Francia con un majestuoso cortejo fúnebre que recorrió todas las calles de la ciudad y finalizó en la IGLESIA DE LOS INVÁLIDOS, el lugar donde Napoleón Bonaparte descansaría eternamente. Ni la nieve pudo evitar que las calles estuvieran repletas de gentes que querían dar un último triunfal adiós al que fue su emperador.


La cripta que recibiría su cuerpo, justo debajo de la gran cúpula del edificio, fue diseñada por Visconti, siendo una nota dominante las 12 enormes Victorias que rodean el conjunto, ideadas por Pradier, que simbolizaban al pueblo francés velando a su héroe. Pero, sin duda, la pieza más importante es la que se sitúa en el centro del habitáculo: el sarcófago del ilustre hombre. Su aspecto exterior no delata lo que contiene en el interior y es que 7 son los ataúdes que protegen, como si de un gobernante del Antiguo Egipto se tratara, los restos del que fue Emperador de los franceses. El primero de ellos de hierro, el segundo de caoba, los dos siguientes de plomo, otro de madera de ébano y el sexto de encina finalizan con el majestuoso pórfido rojo que se ve desde el exterior. Todo el conjunto, se alza sobre un pedestal de granito verde, rodado de un maravilloso suelo decorado con laureles e inscripciones que recuerdan sus grandes victorias en Europa.

Ahí yace Napoleón Bonaparte, ¿faraón? de los franceses.
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[1] Las causas de la muerte de Napoleón Bonaparte son confusas. De hecho, no se sabe con seguridad si falleció por causas naturales o si la intervención de una maligna mano humana tuvo algo que ver.
[2] La familia de Napoleón ya había intentando, en varias ocasiones, trasladar el cuerpo a Francia, pero los trámites nunca acabaron en éxito.

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Fuentes:
*Instituto Napoleónico México-Francia
*TodoParís
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Cuando la Torre Eiffel pudo ser española...

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Muy orgulloso de su proyecto, Gustav Eiffel lo mandó a los encargados de la coordinación de la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Ellos, no estaban tan convencidos como el arquitecto de la viabilidad de la obra, alegando, además, que una estructura de más de 300 metros de hierro no encajaba, para nada, con la estética de la ciudad. Razón no les faltaba y es que el Arco del Triunfo que ahora ocupa su lugar, en el centro de la metrópoli, es mucho más acorde con el resto de la arquitectura. Y, cabizbajo, Eiffel tuvo que esperar a la celebración de la siguiente Exposición Universal, esta vez en París, para ofrecer su proyecto. La suerte le acompañó en esta ocasión y pudo comenzar la construcción de su magnífica obra. La idea sería, una vez terminada la Exposición, desmontarla y dejar el Campo de Marte libre de esas más de 7.300 toneladas de hierro. Sin embargo, el fervor popular hizo que la construcción quedara en pie. Y así, desde esos días de 1889, a la sombra del Centenario de la Revolución Francesa, Eiffel logró cristalizar una de las que hoy se consideran Siete Maravillas del Mundo y que pasó a la Historia con su nombre: la TORRE EIFFEL.


Varios son los que afirman, y no les falta razón, que no hay pruebas para demostrar que Eiffel quisiera construir su torre en Barcelona. Sin embargo, los que apoyan la tesis la defienden alegando que tampoco las hay para desmentirlo. Es una leyenda urbana que siempre generará dudas.


A los españoles, concretamente a los madrileños, nos queda una simpática reconstrucción suya en el PARQUE EUROPA, donde comparte terreno con la Puerta de Brandenburgo, la Fontana di Trevi, o el Puente de Londres, entre otras réplicas de monumentos célebres de varias ciudades europeas.
Sea como fuere, en nuestra imaginación se perfila la imagen de esa imponente edificación en el centro de la Ciudad Condal.

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Imagen 1: La Torre Eiffel, en París
Imagen 2: Reconstrucción, a una escala más reducida, de la Torre Eiffel, en el PARQUE EUROPA de Torrejón de Ardoz (Madrid)

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1000 años de guerra en 5 minutos

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Interesante video que nos muestra, en tan sólo 5 minutos, y de manera muy visual, las batallas que desde el año 1000 hasta el 2008 han asolado el mundo.
El video está hecho desde una evidente perspectiva europea, por lo que las guerras en el continente americano, en este video, sólo comienzan tras su descubrimiento por Colón.

Asimismo, es significativo observar lo turbulenta que fue la Edad Moderna, sólo superada por las dos catastróficas guerras mundiales.
Una sugerente manera de darnos cuenta del afán batallador que tanto ha hecho padecer a la humanidad. Detrás de cada efímera llamarada que se ve en el video, hay miles de vidas -unas acabadas, otras destrozadas-, que hoy quedan reducidas a unas simples palabras: “BATALLA DE…”





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Fuentes:


*HistoriaEnVideo.blogspot.com
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Don Juan y Medio

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En febrero de 1790 nacía, en Cádiz, un niño al que se le llamó Juan, hijo de unos modestos comerciantes que poseían una tienda de telas. Su vida no sería fácil debido a la escasez de recursos de su familia, que ni se pudieron permitir costearle los estudios, lo que no fue un impedimento para que llegase a alcanzar su sueño: ser un destacado político, que intentó llevar a su país por la costosa senda liberal.

Gracias a su empeño consiguió aprender varios idiomas y conocer en profundidad los asuntos relacionados con la economía, lo que, sin duda, marcaría un antes y un después en su vida. Estuvo presente en la mayoría de los acontecimientos que marcaron la Historia de España en la primera mitad del s.XIX, siendo su astucia en la participación de los mismos lo que le hizo granjearse una gran fortuna, y el apoyo de muchos que le comenzaron a considerar como la referencia política de los liberales españoles. Por ello su caso es atípico: llegó a ser, incluso, primer ministro, sin ser noble o cortesano, ni militar, político profesional o funcionario. Simplemente fue un astuto hombre de comercio que supo aprovechar las oportunidades que el destino le ofrecía. Al final de su vida descubrió que su empeño no agradó a muchos, lo que le valió granjearse las enemistades de varios sectores no afines a las innovadoras reformas liberales que trató de llevar a cabo, entre las que destaca la famosa DESAMORTIZACIÓN de los bienes eclesiásticos que realizó en 1834, en el reinado de Isabel II.


Hombre corpulento y de considerable altura (superaba los 1,90 m.), de apabullante voz, gran aplomo, magnífica oratoria… causaba una impresión inigualable a los que estaban a su alrededor. Decían los madrileños, a los que gobernó durante varios años, que nadie aparte de él portaba las más bellas y mejores cortadas levitas de la ciudad, que lucía con especial gracia. Y fue precisamente esto, su porte y su arrogancia, destacando su gran altura, lo que le valió el mote de D. JUAN Y MEDIO.

Ese frío día del segundo mes de 1790 nacía JUAN ÁLVAREZ DE MENDIZÁBAL.



Bibliografía:

*DEL CORRAL, J: La vida cotidiana en el Madrid del s.XIX, Madrid, Ediciones La Librería, 2001.

*LÓPEZ ARRIBA, P: “Juan Álvarez y Méndez, Mendizábal (1790-1853)” [en línea], La Ilustración Liberal [enlace]
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¡¡Vivan las caenas!!

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Tras su “secuestro” en Bayona por Napoleón, al que siguió la Guerra de la Independencia que enfrentó a españoles contra franceses, Fernando VII regresó triunfante -a pesar de no haber hecho nada por su país durante estos años tan difíciles- a España en 1814, entre los vítores de un pueblo que ansiaba que le volviese a gobernar. Una muestra de este entusiasmo popular se dio cuando el carruaje del rey, pasando por varias ciudades españolas, fue despojado de los caballos que de él tiraban. En su lugar se colocaron varios hombres que, como si de bestias de carga se tratara, hacían rodar el majestuoso carro real. Su esfuerzo iba acompañado del grito “¡vivan las caenas!” (cadenas), lo que simbolizaba una evidente alegría de volver a encontrarse gobernados por un rey absolutista que restaurara los valores de un Antiguo Régimen que era difícil de separar de la mentalidad popular.


Días antes, el monarca había recibido el MANIFIESTO DE LOS PERSAS, un documento que le convenció, finalmente, de restaurar su política absolutista, dejando de lado todos los avances liberales que se hicieron con la Constitución de Cádiz. Finalizaba una turbulenta etapa marcada por costosos avances, y se iniciaba otra donde el liberalismo, que pugnaba con el absolutismo, tuvo breves periodos de victoria, que cristalizarían en un triunfo final con la muerte de Fernando VII.

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Imagen: Recreación del paso de Fernando VII por una de las ciudades españolas donde varios hombres se colocaron como "dirigentes" del carro que lo llevaba

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Fuentes:

*GARCÍA CORTÁZAR, F, ¡Vivan las caenas! 1815-1824 [Documental: en la colección MEMORIA DE ESPAÑA].

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Cuando el ENOLA GAY y el LITTLE BOY se hicieron canción...

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ENOLA GAY es el nombre del bombardero que lanzó sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, en plena II Guerra Mundial, la primera bomba atómica utilizada contra la humanidad. Se le llamó así en honor a la madre del piloto (el coronel Paul Tibbets). Del mismo modo, la bomba que arrojó también fue bautizada: se la conoció como LITTLE BOY.

Muchos han sido los grupos musicales que han dedicado canciones al conocido bombardero o lo han mencionado en algunas de sus letras: bandas polacas, noruegas, españolas…, que han tocado diversos palos: pop, rap, heavy metal… Sin embargo, la composición que más repercusión ha tenido es la que hacia 1980 editó la banda inglesa OMD contando la Historia del Enola Gay y del Little Boy.

Leopoldo "Oleole Simeligen"

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La revolución española de 1868 acabó con el destronamiento de Isabel II, lo que provocó el problema de encontrar un nuevo monarca que rigiera los destinos de España. Fueron varios, y de múltiples nacionalidades, los candidatos para convertirse en rey de España y, entre ellos, destaca el prusiano Leopoldo de Hohenzollern Sigmaringen. Sus impronunciables apellidos hicieron que el pueblo español del s.XIX, con el sentido del humor que le caracterizó, le comenzase a llamar LEOPOLDO OLEOLE SIMELIGEN (“¡ole, ole, si me eligen!), burlándose, asimismo, de sus aspiraciones al trono español. Finalmente, su candidatura fue rechazada: Amadeo de Saboya fue el preferido, aunque no del pueblo, que continuó sus críticas contra su nuevo monarca extranjero…
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Rastas

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Bob Marley
Las rastas son cada una de las trenzas que, siendo cardadas, forman un característico peinado. Normalmente, a las personas que las llevan los calificamos de “rastafaris”, pero pocos podrían imaginar cual es el origen de tan curioso “look”.
Para entenderlo, primero debemos comprender un movimiento socio-cultural y religioso que surgió en la zona de Jamaica en torno a 1930, que se conoció como “movimiento rastafari”. Tiempo antes de esta fecha, el jamaicano Marcus Garvey comenzó a difundir el mensaje de la creación de un país negro que estuviera fuera de la dominación blanca que durante tantos años les había hostigado. Creía, asimismo, que aparecería un rey negro descendiente de Salomón y la Reina de Saba que libertaría a la raza negra. A ese mesías le personificaron en la figura del Ras (“príncipe”) Tafari Makonnen que en 1930, con el nombre de Haile Selassie, se proclamó emperador de Etiopía, la que ellos consideraban como “tierra elegida”. Fue entonces cuando los jamaicanos vieron más cerca la profecía de la liberación y cuando comenzaron a movilizarse.
A los seguidores de este movimiento que veía al Ras Tafari como el elegido para librar de la opresión a los negros y del que esperaban la señal para que comenzara su éxodo a Etiopía, se les pasó a conocer como RASTAS. El movimiento, lógicamente, es mucho más complejo, pero estas breves líneas nos ayudan a comprender la idea general.
Como todos los movimientos socio-culturales, hubo una serie de elementos que distinguieron a estos rastas, como el fumar marihuana (creían  que su consumo ayudaba a la meditación, la reflexión), escuchar lo que se conoció como “música reggae” (ellos la identificaban como “canto de Dios”), y llevar los colores que consideraban de la “Tierra Madre” de Etiopía: verde, amarillo y rojo. Por otro lado, para vestir, optaban por las prendas anchas, hechas de fibras vegetales y en el peinado llevan las originales rastas, de las que hemos comenzado hablando, que representaban el cabello del león de Judah. Ahí está el origen del peinado: querían asemejarse a este animal, que identificaban con el Ras Tafari. 
El personaje rasta más conocido quizás sea Bob Marley que encarna a la perfección el espíritu de este movimiento.

Bandera Rastafari, tricolor,  con
la figura del león de Judáh
Todos estos aspectos, unidos a su forma de entender la existencia humana, libre de opresión, pobreza, desigualdad… llevaron a que lo rastafari se convirtiera en un estilo de vida que aún hoy sigue estando muy presente y que ha llegado a alcanzar tal popularidad que muchas de las “tribus urbanas” actuales adoptan símbolos de estos rastafaris para diferenciarse del resto, aunque lo cierto es que no lo hacen manteniendo el espíritu del verdadero rasta, sino como un elemento estético más.
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Fuentes:
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Un original BAD ROMANCE: la Revolución Francesa

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La Revolución Francesa cantada al ritmo de una de las canciones más conocidas de la excéntrica Lady Gaga, BAD ROMANCE: un divertida manera de condensar las claves de un hecho histórico que marcó un antes y un despúes en la Historia.
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Manifiesto de los Persas

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El 12 de abril de 1814, en Madrid, un grupo de absolutistas redactó para FERNANDO VII un documento que fue firmado por 69 diputados (lo que supone más de un tercio de las Cortes ordinarias de 1813), conocido como el MANIFIESTO DE LOS PERSAS, cuyo autor principal fue Bernardo Mozo de Rosales. Con él se pretendía que el monarca, que volvía a gobernar tras el conflicto con los franceses y la definitiva derrota de Napoleón en la Guerra de la Independencia (1808-1814), regresara a la política absolutista del Antiguo Régimen, aboliendo toda la obra liberal que las Cortes de Cádiz habían promulgado.
El origen del nombre de este manifiesto es curioso. Los absolutistas, comenzaron esta larga carta con una referencia a una costumbre que los antiguos persas solían practicar: tras la muerte de un rey, declaraban 5 días de anarquía donde el desorden, sin un poder supremo controlador, reinaba. Este corto periodo de tiempo servía para hacer recapacitar a la población de lo importante que era la figura del monarca rigiendo los destinos del pueblo. Esto es precisamente lo que se pretendía conseguir: hacer ver al monarca lo indispensable que resultaba su figura en el país. No fue difícil convencer al rey de la vuelta al Antiguo Régimen (realmente, con o sin el Manifiesto de los Persas lo habría hecho). Así, el 4 de mayo de ese mismo año, en Valencia, Fernando VII decretó el restablecimiento del absolutismo quedando borrado todo el camino hacia el liberalismo cuyas bases las Cortes de Cádiz se habían encargado de asentar.

SEÑOR:
1.- Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor.
Para serlo España a V. M. no necesitaba igual ensayo en los seis años de su cautividad, del número de los Españoles que se complacen al ver restituido a V. M. al trono de sus mayores, son los que firman esta reverente exposición con el carácter de representantes de España [...]


Para leer el documento completo pincha aquí
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Imagen: Portada del Manifiesto de los Persas.
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Fuente: MARTÍNEZ.A, et alii., (1990): Historia de España, s.XIX, Madrid, Historia 16.
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La GUERRA DE GUERRILLAS: ¿Un invento español?

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El paso de las tropas napoleónicas por la Península Ibérica, en 1808, con la intención de hacerse con el poder de Portugal -que era lo que se establecía en el Tratado de Fontainebleau (1807) y por lo que los españoles dejaron pasar al ejército francés por su territorio- acabó con la invasión de España. Este revés en la política de su tradicional aliado, hizo que surgiera, entre la población española, un movimiento de defensa que pasó a conocerse como “GUERRA DE GUERRILLAS”, una manera de luchar que se basaba en los duros ataques por sorpresa, y sin descanso, al enemigo.
Muchos son los que piensan, erróneamente, que esta táctica militar fue un invento de los españoles, surgido en este momento para defenderse de los galos. El origen del fallo se lo debemos a la historiografía del s.XIX y a la literatura romántica, que se encargaron de ensalzar esta defensa que se hizo de la patria, contra el invasor francés. Sin embargo, si echamos la vista atrás, podremos darnos cuenta de que, realmente, las “guerrillas” ya estaban presentes durante toda la Edad Moderna. Serán precisamente los franceses en la Vendeé y Chouannerie de 1793 a 1801, los de la Guerra de la Convención (1793-1795) y los protagonistas de la insurrección calabresa antiliberal de 1799 los precedentes más inmediatos de esta manera de autodefensa.
A pesar de esto, no podemos negar que había claras diferencias entre el método que se siguió en estas batallas y el que predominó en la Guerra de la Independencia.


¿Qué singularidades tuvo el movimiento español? Mientras que en los ejemplos que hemos citado eran poblaciones reducidas las que, unidas, guerreaban contra el enemigo, en España podemos ver cómo fue prácticamente la totalidad de la población la que, viendo cómo se atentaba contra sus propiedades y observando la inoperancia del ejército, se lanzó a batallar contra el invasor. He aquí la originalidad de la guerrilla española, su extensión por toda la nación.
El éxito que sembraron las decenas de miles de guerrilleros de todas las condiciones, destacando personajes como Espoz y Mina, el “Capuchino”, el Cura Merino o el “Empecinado”, entre otros muchos, hizo que el ejército regular tratara de atraerla a sus filas. Así, será precisamente su efectividad en la lucha contra el invasor, cargada de odio y venganza, lo mitificará a la guerrilla y a este “pueblo en armas”, creando una idea que, todavía, en las mentes de muchos aún sigue estando presente.
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Fuente: MOLINER PRADA, A (2008): “El movimiento guerrillero en la Guerra de la Independencia”. En: Actas del VI Congreso de Historia Militar: La guerra de la Independencia Española, una visión militar, Zaragoza 31 marzo-4 abril de 2008. v.I, pp.179-200
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Imagen: Óleo de Martí Alsina (1860) representando un combate del Bruc, Cataluña, en 1808. Museo de Arte Moderno de Barcelona.

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Empecinarse

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Según la RAE, “empecinarse” es sinónimo de “obstinarse, aferrarse, encapricharse”.
¿De dónde viene tan curioso nombre? Para entender su origen nos debemos remontar al s.XIX, concretamente al periodo de la Guerra de la Independencia, desatada tras la invasión napoleónica, y fijarnos en una figura importante dentro del movimiento guerrillero: JUAN MARTÍN DÍEZ (1775-1825), más conocido como “El Empecinado”, que con su activa participación contra los franceses se llegó a convertir en un símbolo del mito patriótico.
EMPECINADO era el apodo que tenían los habitantes de su pueblo, Castrillo de Duero, en Valladolid, por las charcas y “pecinas” (cieno negruzco que se forma en los charcos o cauces con aguas en descomposición) que en la localidad había. Él no sólo tomó con gusto el sobrenombre, sino que pidió permiso para poder usarlo en los documentos oficiales.
Cuando, tras la contienda, Fernando VII regresó al trono, se declaró liberal pidiendo al monarca que aceptara la Constitución de Cádiz, lo que le llevó al confinamiento en Valladolid. Sin embargo, con el pronunciamiento militar de Riego, y la puesta en vigor de La Pepa, el Empecinado regresó a la escena política ocupando importantes cargos en el Gobierno. Poco después, la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, intentado restaurar el absolutismo, hizo que viviese un breve exilio en Portugal. Cuando regresó a España, fue detenido por el alcalde de Roa de Duero, en Burgos, encerrado en una jaula y exhibido en la plaza de este pueblo durante más de un año. Finalmente, se le acabó condenando a muerte, siendo ahorcado en 1825, con la aprobación del rey, Fernando VII.
Su obstinación y resistencia frente a las adversidades hicieron que el sobrenombre con el que se le conoció pasara a ser sinónimo de estas cualidades.
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Imágen: Juan Martín Díez, el Empecinado, por Goya (Colección Privada)
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*PÉREZ GALDÓS, Benito., Juan Martín, el Empecinado, Madrid, Ed. Alianza.
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